Close

Pueblo de creadores, una experiencia de Descolonización Corporal (Iván Nogales)

¿Empezar todo de nuevo?

Imaginemos un rincón de América Latina donde un grupo de artistas –preferimos creadores pues tiene una connotación más abarcadora, amplia– construye un pequeño Pueblo de Creadores. Podemos imaginarnos el “Petibomun” de Asterix y, al mismo tiempo, comunidades indígenas aimaras, pero, fundamentalmente, una nueva experiencia de laboratorio social, experimento de convivencia, por lo tanto, para construir Comunidad.

Jóvenes creadores, hombres y mujeres, ciudadanos del altiplano, situados a 4.000 metros sobre el nivel del mar, que acceden a otro tipo de hábitat, donde construyen sus propios sueños, junto a otros jóvenes de comunidades rurales, con la práctica teatral como acción articuladora. Allí y con estos componentes humanos emerge esta experiencia sui generis, en vinculación con comunidades originarias aimaras y afrodescendientes, quienes aportan sus propias visiones a esta comunidad.

El centro de esta construcción, si bien aborda aspectos éticos, estéticos, políticos, filosóficos, educativos, etc., es, fundamentalmente, una experiencia de artistas comunitarios, de creadores de cuerpos, que buscan experimentar y construir metodologías alternativas para extirpar, exorcizar, la “colonización” incrustada en los cuerpos.

Iniciaremos este artículo explicitando en qué consiste la Descolonización Corporal. Esta metodología es una construcción del Teatro Trono y la Fundación COMPA (Comunidad de Productores en Arte), resultado de 23 años de trabajo continuo con comunidades urbanas y rurales, en experiencias con poblaciones de niños, niñas, adolescentes, jóvenes, maestros y vecinos, siendo el Teatro la práctica articuladora, por lo cual, inicialmente, esta metodología se denominó Descolonización Corporal mediante el Teatro.

 

Cuerpo colonizado     

No es propiamente la llegada de Colón la que inicia la colonización en nuestra geografía, es más bien consecuencia de una larga memoria de despojo, sometimiento de una cultura a otra, otras, de colonia. Los españoles ya llegaron colonizados, cumplieron adecuadamente un libreto de perpetuación de una acción que campeaba en sus cuerpos. Invadir, someter, negar al otro para ser, son actos de colonización. La colonización se posesionó de territorios, espacios, tiempos, imaginarios, cuerpos. Aun hoy, no logramos salir de ese laberinto. Somos cuerpo colonia.

Teatro Trono: cuerpos que abrazan

Mercedes es la mamá de Jasmani, él es parte del grupo de Teatro Trono desde hace algunos meses. En la calle Mercedes me hace señas y me llama. Tengo una sensación que me recorre, que intenta ahuyentarme de ese llamado porque pienso que alguna travesura ha cometido su hijo de la cual seré acusado y juzgado sin defensa ni réplica que valga la pena emitir. No la veo con frecuencia, pero es la primera impresión, producto de otras historias de padres y madres que me atraviesan en el vecindario. Mis pies se acercan, pienso en huir, mi cuerpo obedece.

Buenos días, doña Mercedes.

Buen día, Iván, quiero contarle algo sobre Jasmani.

Sonrío celebrando mi clarividencia.

Es que él –dice pausada– hace tiempo ha cambiado mucho, y ¿sabe? poco a poco, nos está cambiando a todos en la familia, usted sabe Iván cómo somos de piedras en el altiplano, nunca nos tocamos, no nos acercamos. No sé qué hacen ustedes en su teatro, ahí en su circo, sé que hacen ejercicios raros, pero el Jasmani vino a abrazarnos de golpe y, poco a poco, en la familia nos abrazamos harto ahora…, solo quería agradecerle, Iván, porque usted, ustedes, nos han regalado tantos abrazos.

Entró como una daga que me cortó la respiración. Mis ojos eran dos náufragos en mi rostro. Cada vez que lo cuento y ahora que lo escribo vuelven a naufragar. Si eso hemos hecho como dice ella, han valido la pena veintitrés años y otros que vienen, para abrazarnos y regalarnos la fuerza del abrazo, para seguir viviendo con arte y de arte: un arte que transforma.

Gracias, doña Mercedes, por contármelo. Regáleme entonces un abrazo.

Si el arte puede lograr que las piedras abracen, tenemos con nosotros, un elemento subversor de un orden que aísla, estimula fronteras, individualiza. Es el abrazo una acción sanadora que restaura la comunidad dormida, aletargada, que contiene nuestro cuerpo.

La colonización es un sistema que descansa en la casa, en el seno de la comunidad, en el tejido de relaciones e interacciones sociales, en la estructura espacial diseñada como campo de nuestra vida social y privada.

Las totalizaciones anularon desde tiempos inmemoriales las construcciones múltiples. Lo diverso fue amenazado de muerte cuando las propuestas unívocas, las verdades a secas, las construcciones unilineales, se apoderaron, hicieron sombra a las manifestaciones colectivas que anidan escondidas, temerosas, ocultas, subterráneas en el maravilloso milagro que es nuestra condición humana desde nuestra corporeidad.

Universo por sobre pluriverso, Dios sobre los dioses paganos, Dios abstracto sobre dioses concretos, el Estado sobre las comunidades dispersas, la Nación sobre las naciones y nacionalidades, la Escuela y la Academia sobre todos los saberes, el padre sobre la familia, el director sobre la escuela, el líder sobre la masa, el director teatral sobre el colectivo de actores, etc. La lógica de lo absoluto, cae de refilón desde lo más abstracto hasta en lo más íntimo de la vida familiar. Dios y el Estado en todos los espacios de nuestra vida.

Todo lo que sentimos, vemos, olemos, gustamos, tocamos, está inmerso en una maquinaria de absolutismos, universalismos. Todo es una maquinaria al estilo Matrix, de colonización y modernidad al mismo tiempo. Dos caras de la misma moneda que exponen a la metrópoli y las periferias diversas, como una simbiosis que hace de la modernidad una máscara doble que proyecta luces y sombras de manera esquizofrénica.

La ciencia es el espacio por excelencia donde la modernidad se valida. Es el laboratorio de la construcción de certezas, del pulido del espejo moderno/colonial.

Ciencia, academia, razón, desarrollo, moderno, objetividad, verdad, son categorías que aluden al imaginario moderno al cual todos nos enganchamos. Otros lugares, otros espacios, se exponen, otros no lugares reconocidos formalmente por el pensamiento central, pero sí avalados por otros negados, otros que existen en la periferia, en los márgenes.

El teatro y las artes son espacios negados como constructores de pensamiento. Existe un teatro, una práctica de teatro central que alimenta y refuerza la idea de que las artes son espacios lúdicos, creativos y que su función específica no debe exceder su asignación de práctica de distracción, a lo sumo de innovadora en la inventiva de creación de imaginería, dejando de lado que una práctica creativa es, por ende, la negación de lo que existe para justamente imaginar y crear otros mundos posibles. No una imaginación de juego simplón sino un redimensionamiento de la realidad que circunda. Jugar a crear un posible mundo imposible. Sin lugar a dudas esto invitará, desde el pensamiento creativo y crítico, a asumir posturas de cuestionamiento de lo existente desde sus actos fallidos, y reinventar la condición humana.

Pretencioso postulado, que no intenta arrebatar espacio a otras prácticas creativas como la política, filosofía, ciencias especulativas, que tradicionalmente tienen este rol asignado desde un remoto imaginario secular.

Desde ese otro lugar, ese lugar negado, ese no lugar, existe el Teatro Trono hace 23 años. Derivando en una Casa de Cultura Central de siete pisos, construida con material reciclado, reutilizado, material perpetuado más allá de los tiempos de ciclo de valor comercial impuestos a las cosas por el orden vigente. Y otras 3 casas culturales, en solo la ciudad de El Alto, además de una casa pequeña en Cochabamba, en el centro del país, y en Santa Cruz, en el oriente boliviano, la sexta casa. Y de reciente creación una sucursal en Berlín, Alemania. Además de la primera calle peatonal de Cultura de Bolivia, un Teatro camión que circula por barrios y ciudades bolivianas, y el naciente Pueblo de Creadores, como el proyecto más ambicioso, donde se concentra el humus corpológico, y también ideológico de COMPA Teatro Trono.

 

Seis componentes de la descolonización corporal

1. Descampamentizar – desfronterizar

Nosotros creemos que nuestro país es un campamento, esa idea viene de la revolución industrial, casas que son cubículos, cajitas de fósforo. La colonia por otra parte llevó a familias íntegras, poblaciones multitudinarias, a la explotación masiva. Las casas que se inventaron eran prácticamente un correlato de la explotación.

Casas divididas en espacios: cocina, para cocinar, dormitorio para dormir. Es decir, un campamento. Nuestro hábitat cuadriculado, nuestra vida cotidiana llena de fronteras, por lo tanto, nuestros cuerpos acostumbrados a muros físicos y mentales. Es necesario borrar estas fronteras, especialmente la del cuerpo-cabeza y tumbar los muros de la academia-saberes populares.

2. Retorno a la integralidad

Tenemos un culto excesivo a la cabeza, la ciencia, la academia, como lugar sagrado del conocimiento, racionalizamos todo y existen otras formas de conocer. El arte impulsa estas otras formas de conocer que pasan por el sentir.

No podemos fragmentar nuestro ser, hay que retornar a la integralidad, nuestro cerebro es importante, pero no dejemos que siga siendo el dictador que nos ordena cómo vivir. Ancestralmente, fuimos comunidad y, cuando nació la diferencia, se impuso una jerarquía estándar faraónica, o sea el triángulo, la pirámide. Así se explica la historia de la humanidad. Padre familia, maestro alumnos, generales soldados, Estado sociedad, Papa creyentes, etc. Todo explicado en una jerarquía donde una cúpula tiene privilegios decidiendo el destino del conjunto. Esto se refleja en nuestro físico donde la cabeza es el faraón y el cuerpo la masa que obedece. Debemos llamar a la cabeza a retornar a la comunidad, al cuerpo.

3. Búsqueda y encuentro con el otro

Vivimos en sociedades hedonistas, nos maneja el consumo, el ego, el placer, el individualismo. En el teatro, primero es el otro, la mirada, como nos reflejamos en la mirada del compañero. Los abrazos, ese importante contacto con los demás.

El otro como espejo, no existimos por nosotros mismos, lo colectivo rompe el orden sistémico, el otro te reafirma. Cuando hablo de otros no solo me refiero a los de afuera, si no a los otros que tenemos dentro. En el teatro, reconocemos que internamente somos una multitud, y en la relación con los otros y del reconocimiento con los otros vamos encontrando una diversidad muy potente.

4. Ajayu

La televisión cuando informa sobre catástrofes siempre muestra las consecuencias del desastre, rostros y cuerpos desolados, destrozados, por un tsunami, una bomba o un terremoto. ¿Ustedes se imaginan cómo quedaron nuestros cuerpos después de más de quinientos años de hecatombe colonial? Nuestro cuerpo refleja exactamente toda esa huella, como un tatuaje con toda esa memoria.

En el mundo andino se cree que cuando te asustas, se va tu esencia, tu espíritu, y necesitas hacer el ritual del llamado de tu Ajayu, tu espíritu debe retornar, para que tu cuerpo esté íntegro nuevamente.

La colonia nos ha dejado miedo, estamos atormentados, por eso debemos trabajar para restaurar nuestro Ajayu y descolonizarnos.

5. Migrar al centro

En La Paz todo gira en torno a la Plaza Murillo, esa visión colonial y republicana, es una herencia según la cual todo circunda en torno al poder central, la mirada del conjunto del país, está a cuatro cuadras a la redonda de la plaza, lo demás no existe, somos estadísticas, por lo tanto, el teatro que nosotros planteamos no existía.

Todos quieren migrar al centro, a lo que consideran su centro, para algunos es La Paz, para otros, Buenos Aires o Nueva York, como centro del mundo. Nosotros también migramos al centro, a un centro que construimos, porque hay muchos centros posibles y hace años estamos trabajando con otro teatro posible, otra cultura posible, otras artes posibles, en otros centros posibles.

6. El espacio de colectivo

El concepto de buen vivir lo venimos aplicando hace tiempo. En el grupo de teatro, los chicos realizan actividades que les permiten ser, construyendo, eso es un espacio de bienestar. Rechazamos los espacios que no nos permiten ser, buscamos aprovechar los lugares, como las marchas, la protesta, las fiestas, espacios de encuentro, que nos permitan abrazarnos, espacios que nos permiten ser y pueden convertirse en lugares de bienestar colectivo. Así, concebimos nuestro grupo de teatro como protesta y fiesta permanente.

Somos herederos del teatro popular; en 1992, recordando los 500 años de la llegada de los españoles a nuestro territorio, se puso en boga el tema de la memoria y lo indígena. Nosotros decidimos teatralizar la memoria colectiva, salir de los personajes estereotipados, trabajamos la memoria concreta de las personas del barrio donde vivíamos, los personajes empezaron a convertirse en seres de carne y hueso. Generamos historias concretas de la cotidianidad a través de individuos concretos, rostros concretos. Seguimos haciendo teatro popular con algunos, la descolonización corporal tiene que ver con revalorizar el teatro popular. Los personajes hoy somos nosotros, nuestro cuerpo es la geografía donde nacen los nuevos sentidos del siglo xxi, cada cuerpo es una nueva narrativa de transformación.

 

Equipo de Teatro Trono.

 

Pueblo de creadores

Somos generaciones que no alcanzamos a palpar los sueños por los cuales gran parte de nuestra vida ha sido derrochada. El socialismo, colectivismo, comunitarismo, etc., sea cual fuere el matiz deseado, no llegó. Creímos que ya lo teníamos en el umbral de nuestras puertas. Muchos se desesperaron, y quisieron arrebatarle al indomable destino, por medios muchas veces no necesariamente pacíficos, un pedazo de cielo, de paraíso. La cruel ironía de la derrota enmascarada de utopías sedientas de equidad, nunca llegó. Y también, muchas veces hemos visto a compañeros comportarse con la mejor de las crueldades, digna de los verdugos a los cuales despedazamos con nuestras críticas. Y aprendimos a ser un canal para que nuestro silencio apoye a que los más jóvenes se apropien de las palabras, o que inventen nuevos lenguajes. Queremos ser simplemente escuchas de esos nuevos pasos que pisan nuestros talones.

Los mejores entre los mejores quedaron desparramados en las matanzas y asesinatos de rutina de los regímenes de turno, tanto en las dictaduras militares como en las dictaduras “democráticas”. Pero la más democrática de las tiranías fue el apego a la nostalgia, a la manía de la miopía, de no crecer con los hijos que nos exponen visiones de mundo que nunca imaginamos.

Bien sabemos que el “hubiese” no existe. Solo existe lo que es. Por esto es por lo que hemos decidido construir la sociedad soñada aquí y ahora. Por eso decimos siempre que el Mañana es Hoy.

¿Un Pueblo de nostálgicos?, no. Un pueblo de futuro. Viejas y nuevas generaciones apostando por una micro sociedad autodeterminada por sus miembros.

 

Tareas en este nuevo siglo –qué hacer después de la desesperanza–rebelar el futuro

Se piensa y sueña mucho en llevar a cabo, en esta parte del continente, algunas acciones contundentes que permitan que las miradas lejanas asomen su vista de frente o por sobre el hombro y fijen su atención en lo que hacemos. ¿Y qué podemos inventar para llamar esta atención y, de esta manera, sentir que lo que hacemos tiene una relevancia que trasciende fronteras múltiples? Fronteras de nosotros mismos haciendo algo inimaginable en nuestro contexto e inimaginable para otros que nunca vieron en nosotros, en nuestro contexto, acciones que valgan la pena, que merezcan una atención significativa.

Tales tipos de argumentaciones se escuchan, circulan, encapsulando una autoestima colectiva, solo en comparación a lo que otros contextos tienen en su patrimonio. Claro, no tenemos un Neruda, una selección de fútbol con títulos, alguna reina de belleza, etc. Sin embargo tenemos algo inigualable, incalculable, digno de récords mundiales y base de un orgullo masivo colectivo. Bolivia es un país rebelde por excelencia. No hubo dictadura que aguante, ni pretendiente a tirano que haya durado en la palestra política más allá de un pestañear de la historia. Somos un país altamente golpeado por una colonia exitosa que doblegó por centurias a sus habitantes. Pero, al mismo tiempo, somos una diversidad de culturas que ha mantenido una reserva moral para el patrimonio no solo en un contexto tan minúsculo como son las fronteras de una nación. Somos una reserva del planeta y lo estamos demostrando cotidianamente, incluso poniendo en raya al primer gobernante indígena que coquetea muchas veces con una visión modernizante. En definitiva, somos un país inclaudicable, rebelde, y, por lo mismo, muy difícil, como seductor.

1. Integralidad y arte

La fundación de un pueblo integrador de diversas expresiones culturales y de visiones de mundo. Reproductor de experiencias comunitarias y solidarias locales y más allá de las fronteras.

Una iniciativa conjunta, una propuesta integral, masiva donde no se atomicen temáticas ni contenidos. El arte es la transversal, la esencia que cruza el accionar y convivencia de la cotidianeidad del futuro pueblo. La educación, salud, economía, ética, estética, etc., mediados por el componente artístico. Un arte comunitario que se asume como práctica continúa de transformación social. Un territorio de convivencia creativa y transformadora. Promotor de construcción de valores. Un aporte significativo de micro sociedad que dialoga con la sociedad en su conjunto. No un hecho aislado para construir una isla, más bien una acción de laboratorio para profundizar sentidos de construcción colectiva, comunitaria. Una comunidad que produce sentidos de comunidad.

2. Interculturalidad

Una síntesis del mundo. Un espacio intercultural donde la diversidad se estimula y propicia la búsqueda del encuentro con el otro diferente para construir conjuntamente. Las culturas locales como las andinas y amazónicas están presentes simbólica y/o presencialmente. Del mismo modo con culturas de otras latitudes del planeta.

La construcción social de este pueblo, se determinará y autodeterminará por sus habitantes.

Lo sociopolítico, económico, cultural, educativo, salud, ética, estética, en una continua construcción. El entorno ya acerca a poblaciones aimaras y afros, y otras culturas harán parte de la experiencia estimulando el acercamiento a su presencia física y simbólica.

3. Objetivos

a) General

Construir un pueblo de creadores jóvenes que se convierta en territorio de convivencia intercultural y referencia ética y estética en Bolivia en los próximos 10 años.

Una colectividad heterogénea de expresión creativa que se proyecte al futuro, rescatando valores de experiencias comunitarias, trascendiendo a través de sus habitantes y visitantes.

b) Específicos

  • Rescatar la tradición indígena de convivencia comunitaria (ayllu1 y otras).
  • Rescatar la tradición occidental de Democracia Participativa.
  • Impulsar la presencia de representantes de culturas del mundo de forma directa presencial y/o simbólica.
  • Crear mecanismos para captar recursos en el proceso de construcción del pueblo en sus diferentes manifestaciones.
  • Generar propuestas para la producción de recursos y la auto sostenibilidad.

4. Componentes

Organización socio-política

Las vertientes de convivencia comunitaria (ayllu y democracia participativa) serán las fuentes más amplias que generen en los pobladores las bases de organización y construcción de comunidad.

Organización socio-económica

El proceso de construcción residirá en una contraparte de cooperación (estatal y/o de organismos internacionales). El reto está dirigido a crear elementos que permitan bases de auto sustento, estimulando la productividad creativa de arte, o artesanías diversas.

Educación

El proceso educativo estará ligado a una visión integradora que permita unificar la razón con la vivencia cotidiana. La experiencia artística construida en estos años de trayectoria, nos ha demostrado que la pedagogía artística es un camino importante para lograr un desarrollo integral de sinergia de cuerpo y mente (sentir pensar actuar sentir).

Salud

Una sinergia de hábitos alimenticios con productos trabajados en la propia tierra, por los jóvenes creadores, promoviendo productos orgánicos (preferentemente producidos en el pueblo); acercamiento de prácticas de la medicina occidental y rescatar la medicina y costumbres originarias. Cultivo de hierbas medicinales, sanación del cuerpo con terapias alternativas.

Arquitectura

Reproducir los legados arquitectónicos, riquezas históricas de casas, plazas y calles de distintos países del mundo, con énfasis en las construcciones de pueblos y culturas locales. Construcción de casas y espacios múltiples, ecológicos, con energía local sustentable.

Reutilización creativa

Reinventar la basura (desperdicios industriales, desechos sólidos), como parte de la construcción estética alternativa, la mal denominada basura convertida en obras de arte.

Pueblo de jóvenes

  • Artistas reconocidos.
  • Creadores indígenas.
  • Jóvenes artistas.

La población que se viene involucrando en esta experiencia tiene en los jóvenes como la población mayoritaria. Es sin duda, una experiencia juvenil.

Pueblo – sueño

La búsqueda de la comunidad soñada, hacia adentro, una mirada de los cuerpos como potencia transformadora.

Un sueño que no deja dormir. Obligación de estar despierto todo el tiempo soñando. El sueño tiene vida propia desde que lo imaginas. El día que es emitido como palabra, y la escucha de otro lo absorbe, tiene vida propia. No te deja dormir pues te llama, golpea a tus puertas.

El habla, la relación con el otro, hace que el sueño amplíe su existencia. Se pule, delimita, sus formas toman cuerpo, tiene asideros concretos. El habla lo define mejor cada vez que es emitido. El sueño es el futuro, pero es un espejo del pasado. Cuando cuentas lo pasado vuelve a la vida mediante su emisión a través del habla, y cada vez que hecha vuelo es siempre diferente, con detalles acumulados, contorneados, sus formas se hacen más claras. El pasado vive porque cada vez que retorna se hace presente, y es diferente, los personajes tienen rostro más definido. Del mismo modo el futuro, la proyección toma formas precisas. Pero el habla es la enunciación de la imaginación, la imaginación es un ejercicio del cuerpo que sueña ser otro diferente, otro mejorado. El futuro es siempre un acto del presente. El pasado es siempre un acto del presente. El presente es siempre un acto del pasado y del futuro.

 

Mururata: un pueblo afro aimara en los Yungas de la Paz

En Mururata, una población situada a 1.300 metros sobre el nivel del mar y a 120 kilómetros de distancia de la ciudad de la Paz, obtuvimos como compra un terreno de 4 hectáreas. De los 4.000 metros sobre el nivel del mar, pasamos a casi 7.000 con las montañas que rodean la ciudad de La Paz. Después de estas monumentales montañas, como en un tobogán, nos zambullimos en el Amazonas. Compramos azarosamente este pedazo de tierra en un territorio con el solo afán de obtener espacio en otro piso ecológico. Buscamos tierra caliente después de tener la vida plena en el altiplano, en las alturas, en el frío. Una combinación de azar y deliberada búsqueda de temperaturas más calientes. Y al mismo tiempo la precisión del lugar no obedece a ninguna planificación. Es la demostración de que cualquier comunidad tiene y contiene las mismas potencialidades básicas.

 

El Rey

En las minas de Potosí, los colonizadores en su sed de mayor riqueza, trajeron esclavos africanos imaginando que los afros son más fuertes y tendrían mejor rédito en la explotación de la plata en las minas.

Los esclavos llegaron para suplantar a los otros esclavos. Los negros cargaban el mito de ser más fuertes, por lo tanto la corona española hacia tratos con los filibusteros de altamar para acarrear mano de obra morena al cerro rico de Potosí con la ilusión divina de embadurnar de oro todos los templos españoles, que en realidad ocultaba la ilusión real de repletar las arcas reales. Ilusión que se hizo añicos en pocos meses de arribar los morenos al cerro rico, pues diezmaban aceleradamente, por la altura, el frío, las inclemencias no conocidas en suelo africano de donde fueron extirpados, o simplemente por nostalgia de la tierra.

Buscaron y los llevaron a un lugar cálido antes que desaparecieron del todo, para no perder la inversión económica que realizaron, pues con acierto, no pensaron en aquel momento en su salvación ni ningún acto humanitario, fue sencillamente cálculo económico. Así Yungas se convirtió en la nueva África, un pedazo de selva sin fieras, pero sí extensos territorios que domar para construir convivencia. Así se transformaron en cocaleros, productores de una hoja sagrada ajena a su cultura, pero que la adoptaron como suya, después de generaciones de morenos sumergidos en esta tierra.

Los morenos sigilosamente y con celosa religiosidad ocultaron al soberano que se escondía entre ellos. Un Rey había sido capturado y hecho esclavo rumbo a las minas de ese mundo desconocido. Los negros se aferraron a su rey como símbolo de resistencia, de tener clandestinamente una estirpe que algún día retornaría a las selvas cálidas africanas. Nunca retornaron, pero el Rey oculto, era uno de día y otro en las noches al son de los tambores. Cuidado por sus fieles, se perdió en los tiempos de la colonia. Pasados los años se juntaron en asamblea y lo levantaron de los escombros polvorientos de la memoria colectiva, y vivito y coleando se encontraba el Rey. Bonifacio I se transformó en varios otros morenos trabajadores, hasta ser hoy Julio Pinedo, el soberano más soberano de todo cuanto soberano uno pueda imaginarse.

Cuando la noche le pasa la posta al día, el soberano sol lo mira de reojo y soberanamente se guiñan mutuamente, y se enrumba a su cocal. Con sus abarcas del soberano capitalismo que ha recorrido un ciclo desde el caucho en las selvas orientales, pasando por las fabricas impersonales de Bridgestone en alguna maquila, cumple su ciclo transformado en llanta que retorna al mismo país, y después de recorrer miles de kilómetros, ya cansada y vetusta, es transformada en abarcas, y se posa nuevamente a los pies del soberano Julio Pinedo, que se las calza todas las mañanas. El siglo XXI encuentra así, al soberano hecho por fin persona, gente. La corona, símbolo arcaico y conservador, que denota linaje, sangre real que se diferencia de la plebe, la chusma común, ordinaria, masiva y corriente. La corona es la síntesis del oprobio, la vergüenza, hoy enaltecida en las sienes de este personaje del pueblo. Julio Pinedo rompe así una tradición milenaria, despojando a la corona de esa tradición sangrienta, y con su accionar cotidiano, en cada instante la hace añicos para recordar que el verdadero soberano es alguien como él, un Julio Pueblo. El verdadero soberano en el siglo XXI Es el pueblo, así lo expone trabajando como campesino su cocal, viviendo sencillamente en el pueblo de Mururata, junto a su esposa Angélica Larrea. Nunca creí sentir orgullo de tener un rey, pero si hemos de tenerlo que sea alguien como Julio Pinedo. Meticuloso, tranquilo, te habla desde la sencillez de su sabiduría. Mira orgulloso el cuadro en la pared donde el presidente indígena Evo Morales, otro soberano pueblo, lo coronó en palacio, demostrando a las nuevas generaciones el respeto a la cultura afro, pero por sobre todo para decirnos que nosotros somos los soberanos de este nuevo siglo, nuevo mundo. Julio sonríe a los visitantes que pasan a estrecharle la mano. Reverencias a su majestad, el rey más pueblo que hayamos conocido.

 

La corona

Por esta razón la corona será el símbolo del nuevo proyecto. Este es el argumento que encontramos para justificar y además el no poder evadir el peso de la corona que nos señala todo el tiempo su omnipresencia. Nunca vimos la corona, la verdad, pero reclama su presencia, porque está siempre ahí, sin que la veamos. Y será construida de material de desecho. Mururata estará repleta de coronas. El reciclaje hará la otra parte. Reciclaremos la corona.

El Teatro Trono nace con este nombre impopular en un centro de rehabilitación para niños de la calle el año 1989. Trono proviene de la palabra callejera “tronar”, que significa quebrarse la vida, arruinarse el destino. Los niños que viven en las calles dicen “troné” y son llevados a un centro de rehabilitación, derivando ese tronar en su trono. Y como saben que el Trono es la silla del rey, entonces a modo de humor negro dicen, que en esa casa son cuidados, protegidos por guardianes, policías, y entonces con comida y cuidado especial viven en su trono, como reyes.

Y cuando se decidió bautizar al grupo de teatro en las entrañas de ese centro punitivo, del mundo del hampa y crónica roja policiaca, uno de los diminutos actores se levantó y dijo:

Oye Iván, un día nos leíste un poema donde decía que los verdaderos reyes de la imaginación y la fantasía son los niños, entonces seamos eso, un trono de verdad, reyes de la fantasía.

Y desde entonces el grupo se llama Teatro Trono. Y este dio nacimiento a COMPA (Comunidad de Productores en Artes). Y en los años venideros, erigieron casas culturales levantados de chatarra, y construyeron una Calle de Cultura, un Teatro Camión rodante que viaja a pueblos, ciudades, y que recién volvió de una travesía que hizo una aventura denominada Caravana Por la Vida, de Copacabana (lago Titicaca) hasta Copacabana, Río de Janeiro. Y hoy construye su propio Pueblo de Creadores, donde encontraron un rey, ahora rey con Trono.

 


Imagen de portada: Grupo de jóvenes del Teatro Trono e Iván Nogales, en primer término, en la puerta de la casa COMPA en El Alto de La Paz.

 

 

Este artículo fue publicado en el volumen 5 de la Colección Ciudades Creativas (2013) de Fundación Kreanta correspondiente a las V Jornadas Internacionales Ciudades Creativas organizadas por la Fundación Kreanta y la Secretaría de Cultura Ciudadana de la Alcaldía de Medellín del 2 al 6 de octubre de 2012, en Medellín (Colombia).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *