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Ciudad acabada, ciudad recreada

16 de Noviembre, 2009

bio_nadalEl fin del franquismo supuso en todas las ciudades españolas la confirmación de un estado de provisionalidad y de precariedad exagerados. Las ciudades eran conglomerados a mitad de camino, sin los servicios imprescindibles y sin las dotaciones de equipamientos y de espacios libres estrictamente necesarios.

La irrupción de la democracia en el mundo local llegó tarde y con el calendario cambiado. La transición no traumática supuso la revolución desde arriba. Primero dos elecciones legislativas consecutivas, una de ellas, la primera, con carácter constituyente, para finalmente otorgar a los municipios la mayoría de edad que se les había regateado de forma contumaz. Pero cuando llegó supuso, pese a las dificultades económicas de toda índole, un auténtico vendaval, un torbellino de cambio y renovación.

Hoy, con la perspectiva de más de treinta años de democracia municipal, podemos certificar que las administraciones locales, tachadas a menudo de menores de edad, han culminado la revolución silenciosa y pacífica más fabulosa de la historia contemporánea de nuestro país. En el transcurso de estas tres décadas se han sucedido tres crisis relevantes de la economía. Pero me conviene subrayar que los cambios se hicieron con prisas, el tiempo apremiaba, y las reivindicaciones ciudadanas no admitían demora. La impaciencia se desbordó y la confianza produjo adhesiones de primer nivel a una gestión amparada en realizaciones concretas y en ambiciosos programas de futuro. En más de una ocasión se tuvo la sensación vertiginosa de querer atrapar el tiempo y de acortar distancias con las ciudades del mundo desarrollado que llevaban unas décadas de adelanto, cuando menos desde 1945, en la materialización de programas socialdemócratas que atendían a las demandas perentorias de la ciudadanía. Llegábamos tarde, corrimos más, atrapamos el tiempo y en la brevedad del cambio acelerado se concentraron las virtudes de una modernidad rutilante que otras ciudades de mayor tradición y peso no pudieron tener.

Terminar la ciudad supuso en muchos casos acabar sus límites. Cerrar el espacio, culminar y colmatar el espacio físico. Tocar la ciudad construida del municipio vecino. Esta sensación de ciudad terminada, más aparente que real, escondía las limitaciones del modelo de crecimiento, las debilidades de la aceleración, las contradicciones de los espacios internos y la falta de maduración de soluciones sólidas pensadas de la ciudad hacia sus adentros. Terminaba, de este modo, una etapa fácil u obvia, donde las políticas eran las evidentes.

Llegábamos, así, en plena crisis de la globalización, a una nueva encrucijada sin referentes ni modelos. Sin ciudades anticipadas, sin modelos a seguir. No había ya donde copiar.

Ha llegado la hora de reinventar la ciudad. De definirla de nuevo. De pensarla con nuevos mimbres y con nuevos problemas. De dibujarla con nuevas soluciones y con nuevas ambiciones. En un contexto donde se avecinan nuevos tiempos, nuevas relaciones, nuevas profesiones, nuevos conocimientos nuevos valores.

La ciudad creativa se recrea a sí misma. La ciudad creativa se piensa a sí misma y se reinventa cuando llega al límite de la percepción de su agotamiento que no otra cosa es la percepción física de la ciudad terminada. Y si aparentemente terminada, vuelta a empezar. Nuevos tiempos, nuevas generaciones, nuevos tiempos, nuevas coordenadas. Enfoques distintos para problemas nuevos.

Joaquim Nadal i Farreras

Conseller de la Generalitat de Catalunya

Alcalde de Girona (1979-2002)

Edificar las ciudades creativas ¿Qué función para los actores privados y públicos?

29 de Octubre, 2009

Caroline Chapain - CURSEn los últimos años, el concepto de ciudad creativa se ha vuelto muy popular en el discurso público sobre el desarrollo urbano y regional. Sin embargo, el concepto es poco claro y puede usarse con varios significados.

Smith y Warfield (2008) proponen un marco de referencia interesante para interpretarlo. Diferencian dos enfoques: un enfoque cultural y un enfoque económico. El enfoque cultural tiene en cuenta que la ciudad es un lugar donde los valores centrales se edifican sobre el arte, la cultura, la inclusión y el bienestar de la gente. En este enfoque, las políticas urbanas tienen que ser imaginativas, transparentes y democráticas y resultan en paisajes urbanos inspiradores, inclusivos, atractivos y flexibles. Al contrario, el enfoque económico tiene en cuenta que la ciudad es “un lugar de innovación económica, de talento creativo e industrias creativas” donde las valores centrales se edifican sobre el desarrollo económico sostenible y el bienestar de la gente, suportado por la promoción de iniciativas e industrias creativas. En este enfoque, la políticas urbanas tienen que favorecer un arte y una cultura locales fuertes, pero también una mano de obra creativa, industrias, redes, conexiones y competitividad fuertes. Aunque los dos enfoques se complementen, el enfoque económico es más importante en el discurso público actual.

Este marco de referencia es muy interesante y resume muy bien los discursos actuales sobre la ciudad creativa pero se centra principalmente sobre la función de los actores públicos que hacen las políticas urbanas y no dice mucho sobre la función de los actores privados en este proceso. Estos actores son tanto habitantes de la ciudad como actores económicos de ésta y no se puede edificar la ciudad creativa sin ellos.

En su ponencia Caroline Chapain tratará de responder a estas cuestiones presentando el caso de la ciudad Birmingham. El discurso sobre la ciudad creativa ha sido muy importante en Inglaterra en los últimos diez años. Como otras ciudades del país, Birmingham ha tratado de hacerse una ciudad creativa. Discutiremos sobre esta experiencia.