Industrias culturales y ciudades creativas
25 de Noviembre, 2009
El estatuto científico y el valor social de los términos “economía creativa” e “industrias creativas” son cuestionables, comparativamente al estatuto nítido de una economía de la cultura o de las industrias culturales, especialmente desde una concepción crítica de ambas. La función social de la cultura y la comunicación no es reducible a la creación, ni amalgamable (combinable/aplicable) a otros ámbitos de creación. En cambio, son pertinentes concepto y conceptualización de “ciudad innovadora”, “ciudad creativa” o “ciudad inteligente” como espacio preferente de articulación, gestión y promoción de distintas expresiones del capital inmaterial o cognitivo, incluido el cultural.
El desarrollo cultural de una ciudad o región se justifica por sí mismo y por sus efectos sociales, lo que exige garantizar su servicio colectivo mínimamente en todas las expresiones culturales como condición de adaptación de toda la ciudadanía a los vertiginosos cambios culturales de la era digital. Pero también es un factor de potenciación de su tejido económico y social, e incluso hay territorios en los que puede ser un sector económico significativo. De todas formas las industrias culturales no atraviesan su mejor momento, tanto por las incertidumbres sobre sus modelos de negocio como por la coyuntura y, al mismo tiempo, también han conocido un crecimiento significativo los servicios culturales no industriales, sean públicos o privados.
La apuesta por disponer de un sector económico cultural significativo ni se improvisa -la visión y educación de las elites de un territorio, incluidos los capitales financieros, son claves- ni puede ser artificial -la marca cultural está vinculada a la autenticidad-. No está al alcance de todas las ciudades o territorios. En cambio, es más factible que más ciudades potencien, desde la estrategia económica y marketing de ciudad, nichos de capital inmaterial y de innovación no cultural vinculados a su saber hacer histórico y su capital humano. Además, las estrategias económicas en esta dirección son más compartidas por las fuerzas vivas y más legitimables ante la opinión pública al uso.
Ramon Zallo. Catedrático de Comunicación Audiovisual de la Universidad del País Vasco






















