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Educación, diversidad cultural e innovación: del talento a la tolerancia

26 de Noviembre, 2009

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Tras una jornada intensa por la mañana, comenzaron en el Edificio Imagina las conferencias de la tarde. Como en cualquier encuentro de este tipo, el parón de la comida se alargó algo más de lo debido, pero con una audiencia preparada, se desarrollaron todas las ponencias previstas.

Más cultura en la educación para responder a las necesidades actuales

Alfons Martinell, director de la Cátedra Unesco, Políticas Culturales y Cooperación y miembro de la comunidad docente de la Universidad de Girona, centró su intervención en la relación de las políticas creativas y la transformación local con la educación: “El poder local tiene difícil promover este tipo de políticas por falta de potestad sobre condiciones como la educación de sus ciudadanos, que marcan el desarrollo de la creatividad en la sociedad”, comentó.

Martinell defendió en todo momento la necesidad de cambiar las políticas educativas para poder llegar a desarrollar verdaderas políticas que fomentasen un entorno creativo en la ciudad: “Debemos buscar estrategias para que el sistema educativo sea más educativo y para que la universidad y el mundo de la investigación se abra a todo esto”, argumentaba.

El primer ponente de la tarde concluyó comentando que lo que deben hacer las ciudades es pensar en atraer creatividad y que ésta interactúe con lo local y no se centre en la compra del talento: “Hay que cambiar el sistema y desarrollar políticas estratégicas, que escapen de lo momentáneo y perduren en el territorio”, concluyó.

Educación, talento e innovación

Tras Martinell tomó la palabra el filósofo José Antonio Marina, que defendió en un primer momento medidas concretas y realizables a corto plazo para comenzar a “cambiar la ciudadanía y fomentar la capacidad de pensar y realizar fenómenos emergentes de inteligencia social”. Así, defendió diversos proyectos en los que participan y que llevan a lo tangible de manera inmediata cambios entre la sociedad.

Marina puso el acento sobre la importancia del entorno social en que se desarrolla la ciudadanía y que condiciona en todo momento el desarrollo de cada uno de los individuos: “Los entornos inteligentes favorecen y potencian nuestra propia capacidad de ser inteligentes. Si vivimos en sociedades moralmente encanallados, viviremos así, a no ser que tengamos una fuerza personal poco común”, argumentó.

Aprendizaje creativo para ciudades creativas: liberar/desbloquear los activos del entorno urbano. El caso “Creative Partnerships”

Nancy Barrett, directora creativa del Centre for Urban Education (CUE) fue la encargada de poner fin al ámbito “Educación, Diversidad cultural e innovación: del talento a la tolerancia”. Barrett hizo una reflexión sobre el sistema británico de educación, centrándose en algunos aspectos concretos de casos de políticas que se hacen en Manchester, y en las que ellas participa en el CUE.

“Es importante que los jóvenes se impliquen en la creación del programa y que vean lo efectivo que es para ellos”, comentaba mientras explicabas las características de un programa formativo interesante y diferente en que prima, entre otras cosas, lo práctico y la participación de agentes externos que trabajan en colaboración con los profesores para hacer más ricos y novedosos los contenidos. “Se trata de un modelo que hace que el estudiante esté en el centro de toda la acción para generar que trabajen por ellos mismos, aprendan a implicarse y desarrollen nuevos roles”, aseguró.

Educación, diversidad cultural e innovación: del talento a la tolerancia

19 de Noviembre, 2009

La diversidad cultural ha empezado a despertar interés en el inicio del nuevo siglo. Es más, la consciencia de esta diversidad cultural es prácticamente universal, gracias a la mundialización de los intercambios y mayor receptividad de las sociedades. Hoy en día, entonces, con el aumento de las migraciones y el crecimiento de las ciudades, los desafíos de preservar la identidad cultural y fomentar el diálogo intercultural adquieren nuevo protagonismo y se hacen más urgentes.

En este sentido, el papel de la educación es fundamental ya que gira en torno a la transmisión de valores y es a su vez el espacio esencial de crecimiento de las personas. Las políticas en el ámbito educativo tienen una repercusión capital en el impulso o declive de la diversidad cultural y han de intentar promover una educación a través y a favor de ésta. La escuela nos tiene que permitir adquirir competencias interculturales que nos ayuden a convivir con nuestras diferencias culturales y no a pesar de éstas. No obstante, ¿sensibilizar a las personas a favor de la diversidad cultural es una cuestión más bien de enfoque, métodos y actitudes, o bien de asimilación de contenidos? ¿El aprendizaje y la práctica nos hacen ser más tolerantes?

Igualmente, la educación y la diversidad cultural devienen factores determinantes de las formas de desarrollo de la creatividad y la innovación.

En efecto, el multiculturalismo de nuestra sociedad es una oportunidad para estimular la creatividad: reconocer la diversidad que nos rodea y saberla utilizar es intrínseco a ser creativo. Esta diversidad nos interesa en particular en el ámbito educativo dado que aprender y convivir con otros requiere una apertura mental y una capacidad para adaptarse a la creatividad de los otros, no siempre fácil. En este contexto, el arte y la cultura pueden estimular la imaginación de las personas y la creatividad en las escuelas, los institutos, las universidades y en el aprendizaje a lo largo de toda la vida.

La creatividad y la innovación en el aprendizaje pasan por el fomento de la flexibilidad, la apertura a las novedades, la capacitación para adaptarse o para ver nuevas maneras de hacer las cosas y confrontar el imprevisto, la capacidad de pensar lateralmente, etc.

Éstas y otras cuestiones serán el foco de reflexión de los tres ponentes que nos acompañarán en este ámbito.

Elisabet Guillemat. Directora del Programa de Interculturalidad de la Fundación Kreanta. Coordinadora de ámbito.

Educación, talento e innovación

16 de Noviembre, 2009

Mi fascinación por la capacidad creadora de la inteligencia humana me ha llevado a estudiar apasionadamente sus mecanismos, los secretos de esa maravillosa energía que consiste en poder hacer mucho con muy poco. Un artista con un lápiz y un papel puede transfigurar la realidad. Un científico con una tiza y una pizarra desvela sus secretos. En este alegre dinamismo intervienen los conocimientos, las emociones, la voluntad, el lenguaje, la conversación con los demás. Y a todos estos temas he dedicado la atención que he podido. Al hacerlo, me llevé una sorpresa. La inteligencia inventa muchas cosas, resuelve muchos problemas, pero su creación más altanera es la invención de modos nobles de vida. Su meta es hacernos pasar de ser animales listos a ser animales dotados de dignidad. Estamos refiriéndonos como especie.

José Antonio Marina

Esta suprema inteligencia no es teórica, sino práctica. No culmina en el conocimiento, sino en la acción. Por eso, me ha interesado cada vez más la inteligencia práctica, la que se adentra en los dominios donde nos jugamos la vida: la convivencia, la educación, la economía, el derecho, la política, la religión… E inevitablemente han surgido proyectos que pretenden resolver esos urgentes y dramáticos problemas. Se concretan, por ahora, en la “Movilización educativa de la sociedad civil” y en la “Creación económica”. Dicho de otra manera, en reconstruir la urdimbre pedagógica de la sociedad, y en mostrar que es posible aprovechar la eficacia de los mecanismos del mercado para construir un proyecto económico que promueva las posibilidades humanas.

Al final he llegado a la conclusión de que el logro máximo de la inteligencia es la ética y su realización práctica, que es la bondad. Ya sé que esto suena a ingenuo, pero todo lo que he escrito pretende demostrar científicamente que esa idea encierra la suprema sabiduría. Es decir nuestra salvación.

José Antonio Marina. Filósofo, sociólogo y escritor.